Material audiovisual: colaboración Daniel Pablo Ruiz.
El Zoológico de Luján, ubicado en la provincia de Buenos Aires, fue durante años un parque privado conocido por permitir contacto directo entre visitantes y animales salvajes (leones, tigres, elefantes, etc.). Estas prácticas de interacción –dar de comer o tocar a grandes felinos– generaron fuertes críticas de proteccionistas por considerarse riesgosas y antiéticas. En septiembre de 2020, en plena pandemia de COVID-19, el Ministerio de Ambiente de la Nación ordenó la clausura preventiva total del Zoo de Luján debido a incumplimientos legales sostenidos y denuncias de maltrato animal. A continuación, analizaremos las legislaciones vigentes que fundamentaron el cierre, evaluaremos si la clausura perjudicó a los animales, y describiremos la situación de los animales tras más de cinco años, incluyendo la intervención de ONG como Four Paws y Fundación Zorba, las muertes ocurridas y el destino final de los ejemplares.
Fundamentos legales y proteccionistas para el cierre
La clausura del zoo estuvo respaldada por normativas nacionales y provinciales de protección animal. En la provincia de Buenos Aires rige la Ley 12.238 (1997) sobre zoológicos y acuarios, reglamentada por el Decreto 2308/01, que prohíbe expresamente el contacto directo del público con animales silvestres en exhibición. Sin embargo, inspecciones oficiales comprobaron que el Zoo de Luján violaba esta norma: incluso después de advertencias en 2019, los visitantes seguían ingresando a jaulas de tigres, leones, elefantes y otras especies para acariciarlos y alimentarlos, en abierta transgresión de la ley. Estas irregularidades motivaron sanciones previas (precintos en recintos interactivos) y finalmente la clausura preventiva del parque.
Otra base legal fue la Ley Nacional 14.346 de protección animal, que penaliza el maltrato y la crueldad hacia los animales. Dicha ley considera actos de crueldad, por ejemplo, la mala alimentación, la utilización de drogas para manejo de animales o forzarlos a trabajar/exhibirse en exceso. En la resolución de clausura, el Ministerio de Ambiente afirmó que existían 600 infracciones a la normativa vigente y que la preservación y bienestar de la fauna del zoológico estaban en “peligro inminente”. Además, se detectaron graves inconsistencias en los registros de animales (falta de microchips, diferencias entre animales declarados y reales, y movimientos no reportados), levantando sospechas de venta, traslado o muerte de ejemplares sin informar a las autoridades. Estos hallazgos sugieren posibles violaciones a la Ley Nacional 22.421 (conservación de fauna) y convenios internacionales como CITES, que obligan a controlar el comercio y tenencia de especies silvestres.
Paralelamente, el cierre tuvo un fuerte impulso desde el proteccionismo animal. Organizaciones y activistas venían denunciando las condiciones del zoo: una petición en Change.org reunió casi 460.000 firmas reclamando su clausura por “sufrimiento cotidiano, constante, innecesario y absurdo” de los animales. Funcionarios como Sergio Federovisky (Secretario de Control Ambiental) declararon que un zoológico basado en el contacto antinatural y la degradación de los animales “no nos parece correcto” en el marco de una nueva concepción de la relación con la naturaleza. Incluso se planteó la necesidad de una ley nacional moderna para redefinir qué debe ser un zoológico en el siglo XXI, acorde a principios internacionales de bienestar animal (p. ej. las Cinco Libertades). Argentina, al igual que otros países, ha avanzado en reconocer a ciertos animales como sujetos de derechos no humanos –como lo hizo la justicia con un chimpancé en 2023– y en promover la transformación de zoológicos tradicionales en ecoparques o santuarios educativos. La Constitución Nacional (art. 41) también fue citada en fallos recientes, enfatizando el deber de proteger a los animales y considerarlos parte de un ambiente sano.
En resumen, la clausura del Zoo de Luján se fundamentó en el incumplimiento de leyes vigentes de bienestar animal (tanto provinciales como nacionales) y en un cambio de paradigma hacia la conservación y el respeto de la fauna. La medida buscó frenar prácticas aberrantes (contacto directo, posible tráfico o reproducción descontrolada de animales exóticos) y dar paso a una reconversión del predio acorde a estándares actuales de protección animal.
Clausura en 2020: operativo y falta de plan de contingencia
El Ministerio de Ambiente ejecutó la clausura preventiva total del zoológico a mediados de septiembre de 2020, colocando fajas de “clausurado” en la entrada y en los recintos. Los propietarios (familia Semino, dueña de la empresa Reserva Zoo Luján S.R.L.) recibieron un plazo de 10 días para presentar un plan de reconversión del zoo, identificar individualmente a todos los animales y regularizar habilitaciones ante municipio, provincia y Nación. La intención oficial era transformar el zoológico en un espacio diferente (un ecoparque o santuario) enfocado en rescate y bienestar de fauna, sin exhibición degradante de animales exóticosr. En reuniones con autoridades municipales y de la Defensoría del Pueblo bonaerense se delinearon estándares obligatorios inmediatos: identificar cada ejemplar, cesar la reproducción de los felinos y mejorar manejos, o de lo contrario avanzar hacia un cierre definitivo y reubicación de los animales.
Sin embargo, la clausura se llevó a cabo sin un plan serio, consistente y sistemático para el destino de los animales. Una vez que las cámaras de televisión, los funcionarios y activistas se retiraron tras poner el cartel de clausura, el predio quedó aislado con 400 animales dentro (130 de ellos grandes felinos), que siguieron necesitando a diario comida, agua, atención veterinaria y cuidados generales. Al suspenderse la venta de entradas, desapareció de golpe la fuente de ingresos para mantener a esos animales. El personal del zoo también se redujo drásticamente: de 80 empleados quedaron apenas unos 20 cuidadores esenciales. Además, las restricciones por la pandemia dificultaron aún más la logística y supervisión externa. No se articularon entonces mecanismos claros entre el Estado y los propietarios para financiar la manutención ni para trasladar ejemplares de forma inmediata. Esta falta de plan de contingencia generó críticas: la clausura, si bien buscaba proteger a los animales a largo plazo, en lo inmediato los dejó en una situación precaria y de incertidumbre.
Sharima, la única elefanta asiática que quedaba en Luján, fue el caso más trágico. La elefanta padecía problemas de salud, pero nadie lograba permiso para ingresar veterinarios especializados al predio clausurado. En enero de 2021 Sharima cayó en el foso de su recinto y murió a los 25 años, sin haber recibido tratamiento adecuado. Organizaciones como Elephants Helpers Argentina denunciaron que llevaban meses intentando un acuerdo con el dueño para evaluar a Sharima con apoyo del Santuario de Elefantes de Brasil, pero “Sharima no pudo esperar más los tiempos de sus dueños”. Sus restos quedaron junto a la caja en que ella y otra elefanta (Arly) llegaron desde Indonesia décadas atrás, símbolo de lo que “nunca más puede suceder”. Cabe señalar que Arly, la compañera de Sharima, también había muerto joven en cautiverio (a los 19 años, en 2005). Ninguna de las dos alcanzó la libertad de un santuario, lo que remarcó el costo de la inacción inmediata tras la clausura.
Consecuencias para los animales: abandono, deterioro y muertes

León y tigre del ex Zoológico de Luján, confinados en sus jaulas tras la clausura.
Pese al cierre al público en 2020, cientos de animales siguieron viviendo en el predio clausurado durante años, muchos en recintos estrechos y sobrepoblados. Los propietarios, sin ingresos, hicieron lo posible por mantenerlos, pero enfrentaron serias limitaciones de recursos. La infraestructura se deterioró visiblemente: agua estancada en fosas, alambrados oxidados, puertas de seguridad en mal estado y falta de enriquecimiento ambiental fueron constatados por inspectores ambientales en sucesivas visitas. La alimentación de los ~80 tigres y leones que quedaron llegó a depender de restos de animales de campo que conseguían en zonas vecinas, ante la imposibilidad de costear carne en cantidad. “No tenemos plata para vasectomizar (esterilizar)”, admitió Santiago Semino, hijo del dueño, al explicar por qué siguieron naciendo cachorros que luego debían separar por falta de espacio. El parque llegó al absurdo de vender antiguas pertenencias (tractores, autos) para obtener fondos con qué comprar comida y medicamentos.
Las consecuencias sobre el bienestar animal fueron severas. Sin veterinarios permanentes ni controles externos suficientes, muchos animales enfermaron o envejecieron sin atención adecuada. Se calcula que más del 30% de los grandes felinos murió en los años posteriores al cierre. Al menos unos 40 tigres y leones fallecieron por enfermedades no tratadas, desnutrición o simplemente por la edad, acelerados estos factores por las condiciones de estrés y encierro prolongado. Otros animales también sucumbieron: por ejemplo, un lobo marino que quedaba fue hallado muerto (los pocos acuáticos sobrevivientes fueron luego trasladados). Los reptiles fueron reubicados tempranamente en centros herpetológicos, pero muchas aves exóticas y primates sufrieron la falta de cuidados especializados. Yony, el célebre chimpancé de ~52 años, logró sobrevivir gracias a la dedicación de su cuidadora de años (Silvia), quien lo mantiene estimulado y cuidado dentro de su jaula Yony es uno de los últimos chimpancés en Argentina, pero su caso ilustra el dilema: altamente humanizado tras décadas en cautiverio (30 años en un circo antes del zoo), expertos internacionales advirtieron que moverlo bruscamente a un santuario a su edad podría causarle sufrimiento. Con primates tan longevos y apegados a sus cuidadores, algunos veterinarios sugieren que quizás sea mejor cuidarlos donde están, garantizando enriquecimiento ambiental y compañía humana compasiva, en vez de someterlos a una transición traumática. En todo caso, Yony permanece en Luján a la espera de una decisión judicial sobre su posible traslado a un santuario en Brasil.
En el predio hoy quedan muchos menos animales que en 2020. Además de los ~60 felinos (leones y tigres), sobreviven apenas tres cebras, dos dromedarios, algunos monos caí y carayá, y dos osos pardos adultos. Estos últimos –apodados “Gordo” y “Gorda”– se hallan entre los casos más urgentes, viviendo en un recinto reducido con un foso sucio; expertos locales advirtieron que presentan serios problemas de salud y estrés por el confinamiento prolongado. La salud física y mental de la mayoría de los ejemplares se deterioró en mayor o menor medida: muchos leones muestran signos de envejecimiento prematuro; varios tigres tienen secuelas físicas (problemas óseos, dentales) producto de años de manejo inadecuado; las hembras felinas fueron expuestas a reproducción continua hasta hace poco. En síntesis, la clausura sin plan inmediato derivó en un período de abandono relativo: los animales quedaron “prisioneros del limbo” –ni exhibidos al público, ni trasladados a lugares mejores– recibiendo cuidados mínimos para sobrevivir, pero sin posibilidad de mejorar sus condiciones. Esto evidencia que, si bien el cierre se hizo con intenciones proteccionistas, fue en detrimento del bienestar de los animales en el corto plazo debido a la ausencia de un plan de rescate y reubicación simultáneo.
El propio dueño, Jorge Semino, denunció públicamente que “desde hace cuatro años se desoye sistemáticamente cada propuesta concreta” de solución. Según Semino, las autoridades rechazaron o demoraron alternativas que él exploró para relocalizar fauna, mientras el zoo carecía de recursos para “sostener a los animales indefinidamente”. “Es irreal pretender que, sin recursos, se pueda continuar… Se juega imprudentemente con el bienestar de ellos cada día que se impide implementar una solución realista”, advirtió, criticando la postura oficial. Organizaciones defensoras replicaron que la empresa propietaria también obstaculizó esfuerzos (como en el caso Sharima) y no aceptó algunas opciones de reubicación ofrecidas, prolongando el estancamiento. Así, se generó un impasse perjudicial: el Estado exigía mejoras y plan de reconversión pero no brindó apoyo material, y los dueños afirmaban no poder hacer más sin reabrir o sin ayuda financiera, con los animales como víctimas en el medio.
Intentos de solución y participación de Fundación Zorba
Tras la clausura, diversas entidades de la sociedad civil trataron de intervenir para mejorar la situación de los animales de Luján. La Fundación Zorba, ONG local dedicada a rescatar y concientizar sobre fauna maltratada, jugó un rol importante. Desde 2020 Zorba realizó denuncias, impulsó campañas en redes sociales y colaboró con otras organizaciones para visibilizar la crítica realidad del ex zoo. En 2021, junto con la ONG Enfoque Animal, la Fundación Zorba promovió un plan para trasladar 10 leones de Luján hacia un santuario en Arizona, Estados Unidos. Este plan buscaba aliviar la superpoblación de felinos en el parque, liberando espacio y dando mejor vida a esos primeros ejemplares en semilibertad. Ambas ONG se comprometieron a recaudar los fondos necesarios (unos US$ 135.000) para costear el operativo de viaje, cuarentenas y alojamiento de los leones en EE.UU. Se anticipó incluso una campaña pública de donaciones para reunir el dinero mediante pequeños aportes solidarios.
Lamentablemente, aquella iniciativa no prosperó. Según informes, surgieron trabas logísticas y administrativas: las autorizaciones gubernamentales para exportar tantos animales tardaron o no se otorgaron, y el financiamiento no se completó a tiempo. A fines de 2021, el Ministerio de Ambiente difundió que en inspecciones seguían hallando irregularidades (nacimientos de nuevos cachorros pese a la orden de detener reproducción, etc.) y ratificó que el zoo no reabriría. La prioridad oficial era que los dueños presentaran de una vez el plan de reconversión integral. En medio de esa puja, la propuesta de Arizona quedó en suspenso y luego fracasó definitivamente.
Durante 2022-2023 se exploraron otras alternativas de la mano de fundaciones internacionales. Una de las más sonadas fue la posibilidad de trasladar a 80 felinos (38 tigres y 42 leones) a la India, a un enorme centro de rescate ofrecido por el magnate Mukesh Ambani. Esta idea contemplaba que los felinos argentinos compartieran destino con decenas de hipopótamos que iban a ser reubicados desde Colombia (los descendientes del narco Escobar) en la reserva de Ambani. Sin embargo, la propuesta generó desconfianza en organizaciones locales y en autoridades, por la lejanía y porque no había certezas sobre el trato que recibirían tantos animales en Asia. Finalmente, tampoco obtuvo los permisos necesarios y no se concretó.
Durante estos años, Fundación Zorba mantuvo presión constante. Integrantes de Zorba ingresaron periódicamente al predio con permiso judicial para verificar condiciones, reportando que los osos eran los que estaban en peor estado y requerían traslado urgente (sufrían mucho calor en verano, sin estanque adecuado). La fundación además sumó fuerzas con la Defensoría del Pueblo bonaerense (Guido Lorenzino) para impulsar la causa judicial. En 2024 se logró un avance legal: la Cámara Federal de Casación Penal anuló un sobreseimiento que había beneficiado a la familia Semino, ordenando profundizar la investigación penal por maltrato animal continuado. Los jueces consideraron que el delito seguía ocurriendo cada día que los animales permanecían en esas condiciones, subrayando la reciente jurisprudencia que reconoce a los animales como seres sintientes sujetos de derecho. Lorenzino calificó este fallo como “histórico” y abogó no solo por Luján sino por el cierre definitivo de todos los zoológicos del país, transformándolos en espacios de conservación o educación ambiental sin crueldad. Este contexto jurídico favorable agregó urgencia para encontrar una solución de fondo.
Acuerdo con Four Paws y el “Operativo de Emergencia” internacional
Recién en 2025 se vislumbró una solución concreta y de gran escala. El Gobierno nacional, a través de la Secretaría de Turismo, Ambiente y Deportes (a cargo de Daniel Scioli), firmó en julio de 2025 un Memorando de Entendimiento con la organización internacional FOUR PAWS (Cuatro Patas). FOUR PAWS es una ONG global especializada en rescate de animales en situaciones críticas, con experiencia en misiones complejas en países como Sudáfrica, Jordania, Rumania y otros. El acuerdo estableció una cooperación público-privada sin precedentes en Argentina, con dos objetivos principales: brindar asistencia veterinaria urgente a los ~90 animales que quedaban en el ex zoo Luján, y planificar su traslado a santuarios o centros idóneos alrededor del mundo. Además, el Memorando apunta a erradicar el comercio y la tenencia privada de grandes felinos en el país, marcando un cambio de paradigma en políticas de fauna silvestre.
Según el convenio, Four Paws actúa como “consultor neutral” y operador técnico: su equipo de veterinarios y expertos, junto con la Brigada de Control Ambiental (BCA) del Ministerio, ingresó al predio en octubre de 2025 para realizar un diagnóstico completo de la salud física y comportamental de cada animal. Se dio prioridad a los casos más urgentes, particularmente los dos osos pardos y algunos leones en peor condición, así como al chimpancé Yony dada su avanzada edad. Todos los animales fueron sometidos a evaluaciones clínicas exhaustivas: para ello, uno por uno fueron sedados y trasladados a una unidad veterinaria móvil instalada in situ. Allí, equipos internacionales realizaron análisis de sangre, controles dentales, radiografías y otros estudios, administrando tratamientos inmediatos cuando fue necesario (por ejemplo, extracciones dentales, corrección de problemas de movilidad, etc.). “Nos preocupa mucho la seguridad, la salud y el bienestar de los animales. Debemos comprobar el estado de cada uno y atender sus necesidades críticas ya que algunos requieren atención urgente”, explicó el Dr. Amir Khalil, veterinario líder de Four Paws, durante la misión. También señaló que tras las evaluaciones, se programarán cirugías de emergencia si hicieran falta, porque “la finalidad es garantizar que los animales tengan una mejor oportunidad de vida”.

Equipo de la Brigada de Control Ambiental (BCA) y veterinarios de Four Paws trabajando en el predio durantela “Misión de Emergencia” (octubre de 2025).
Esta operación –denominada oficialmente “Misión de Emergencia Zoo Luján”– se considera una de las más grandes en la historia latinoamericana en cuanto a rescate de fauna cautiva. En aproximadamente un mes, se logró evaluar y estabilizar a 62 felinos (tigres y leones) y a los 2 osos. Four Paws destacó el desafío logístico que implicó manejar tantos animales de gran porte en tan corto tiempo. Muchos recintos del zoo estaban superpoblados, con leones y tigres conviviendo juntos, lo que obligó a un cuidadoso protocolo de manejo para evitar accidentes. El subsecretario de Ambiente, Fernando Brom, recorrió el predio durante las tareas y agradeció la colaboración internacional: “Esta alianza estratégica entre el Gobierno nacional y Four Paws… nos va a permitir sacar a estos grandes felinos del encierro cruel en el que estaban y darles la mejor oportunidad de una mejor calidad de vida”. Brom reveló que el Memorando con Four Paws fue firmado por Scioli justamente para “solucionar todos los temas de bienestar animal que tenemos por delante”, indicando que este podría ser el primer paso de una cooperación más amplia.
Voceros de Four Paws, como la directora de programas Luciana D’Abramo, señalaron que Argentina podría convertirse en un referente regional en protección de felinos gracias a este esfuerzo. “Sabemos que muchos grandes felinos en Argentina viven en condiciones inapropiadas… Nuestra meta no es solo una solución a corto plazo, sino cambios de impacto duradero”, afirmó D’Abramo, añadiendo que informarán a legisladores sobre las condiciones de estos animales para impulsar cambios normativos que impidan repetir casos como Luján. De hecho, el acuerdo con Four Paws se alinea con objetivos globales (por ejemplo, los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU) que instan a poner fin a la caza furtiva y tráfico de especies, así como al maltrato de fauna silvestre en cautiverio.
Destino de los animales y situación actual
Gracias a la intervención de Four Paws y el Estado, el destino final de los animales del ex Zoo Luján comienza a definirse positivamente. Tras los chequeos veterinarios, se planifica reubicar a la mayoría de los ejemplares en santuarios especializados en el exterior. En particular, los 60 grandes felinos serían trasladados gradualmente a distintos refugios de vida silvestre en países como Sudáfrica, Jordania y Estados Unidos, donde vivirán en grandes espacios abiertos, en semilibertad y con los cuidados de por vida que requieren. En esos santuarios, aunque no puedan ser liberados totalmente en la naturaleza, gozarán de entornos mucho más naturales (extensas hectáreas para correr, lagunas, árboles, y la compañía de otros felinos), lo que mejorará enormemente su calidad de vida en comparación con las jaulas de Luján. Se espera que experimenten algo parecido a la libertad: “tendrán espacio, lagunas, árboles, compañía y la posibilidad de correr”, describe la ONG Enfoque Animal. De hecho, Four Paws ya ha concretado rescates similares de felinos argentinos: en 2022 coordinó el traslado de tres tigres de un vagón abandonado en San Luis hacia un santuario en Sudáfrica, con resultados muy positivos.
En cuanto a los osos pardos (una especie exótica en Argentina), Four Paws cuenta con varios santuarios de osos en Europa (Alemania, Rumania, etc.) donde podrían llevarlos para brindarles condiciones adecuadas de clima y terreno. El plan inmediato es recuperar su salud (estaban anémicos y con problemas dentales, según trascendidos) y luego enviarlos posiblemente al santuario de osos de Kosovo o de Alemania que la misma ONG administra, o a otro centro que reúna requisitos. Dado que en Argentina no existe por ahora un santuario de osos, su salida del país es vista como la mejor opción para que tengan una vida digna.
Respecto a Yony el chimpancé, su caso está bajo estudio especial. Por un lado, existe un santuario de grandes primates en Brasil dispuesto a recibirlo (el proyecto GAP en Sorocaba) y un juez podría autorizar su traslado allí para que conviva con otros chimpancés en una isla forestal. Por otro lado, expertos como la Dra. Rebeca Atencia (Instituto Jane Goodall) aconsejan no mover a Yony debido a su avanzada edad y fuerte apego a su cuidadora humana, advirtiendo que cambiarlo de entorno ahora podría causarle depresión o incluso la muerte por estrés. Es posible que, si las autoridades brasileñas y argentinas no garantizan condiciones óptimas, Yony permanezca en Argentina. Una alternativa contemplada es transformar el predio de Luján en un santuario local para felinos y otros animales que no sean trasladados. De hecho, se llegó a mencionar oficialmente la idea de reconvertirlo en un santuario de grandes felinos autóctonos o exóticos, aprovechando las 22 hectáreas para dar hogar a animales rescatados de circos o del tráfico. Esta opción requeriría inversión en infraestructura y gestión profesional a cargo del Estado o fundaciones, pero podría permitir que ejemplares como Yony (u otros que no viajen por razones de salud) vivan sus últimos años en el mismo sitio, pero con instalaciones mejoradas y sin exhibición al público. Al cierre de 2025, las autoridades están evaluando esa posibilidad como parte del plan de reconversión definitiva del ex zoo.
Por su parte, los herbívoros remanentes (cebras y dromedarios) y los monos pequeños serán reubicados en el país. Trascendió que las cebras y dromedarios podrían ir a reservas fauna autóctona donde puedan integrarse sin riesgo (bajo cuidado humano pero en potreros amplios), o incluso ser enviadas a santuarios en EE.UU. que acogen animales de zoológicos cerrados. Los monos caí y carayá posiblemente se trasladen al centro de rehabilitación de primates de la Fundación Temaikèn u otra institución local capacitada para su manejo, para luego integrar grupos con congéneres. Asimismo, varias aves exóticas (guacamayos, cacatúas) que estaban en Luján ya fueron derivadas a centros de rescate de aves durante 2021-2022, según informes de la Dirección de Fauna.
En síntesis, la situación actual –luego de cinco años de incertidumbre– es finalmente esperanzadora: todos los animales del ex Zoo Luján tienen un destino en curso. Muchos ya iniciaron su viaje hacia una vida mejor: a fines de 2025 comenzaron los primeros traslados de felinos, y se prevé que para 2026 el predio quede vacío de fauna cautiva por primera vez. Four Paws coordinó la logística con empresas expertas en transporte de fauna (por ejemplo, la compañía Highlander, cuyo director Pablo Llaver tiene experiencia trasladando elefantes y felinos a santuarios). Se están fabricando contenedores y jaulas de transporte cumpliendo estándares internacionales (IATA) para garantizar viajes seguros en avión para leones y tigres. El operativo implicará vuelos charter o cupos en vuelos de carga, con veterinarios acompañando a los animales. Cada detalle –desde la alimentación e hidratación en tránsito hasta minimización del estrés– está siendo contemplado. Las ONG locales e internacionales cubrirán costos con fondos propios y donaciones, dado que el Estado aporta la coordinación pero no cuenta con presupuesto específico para estos traslados.
Lecciones sobre cautiverio y protección animal
El caso del ex Zoo Luján expone las graves falencias de los antiguos parques zoológicos y la necesidad de reformular nuestra relación con los animales silvestres. Durante años, Luján explotó el atractivo comercial del contacto cercano con leones y tigres, una práctica que vulnera principios éticos universales y estaba prohibida por la ley provincial. Las imágenes de visitantes dándole mamaderas a cachorros de león o posando con tigres adultos sedados dieron la vuelta al mundo, generando indignación. Hoy se comprende que ese modelo de “entretenimiento” implica casi siempre malos tratos, ya sea mediante sedación de los animales para hacerlos dóciles, cría irresponsable de cachorros para relevar a los adultos agotados, separación temprana de crías de sus madres, etc. Todos estos actos encajan en definiciones de crueldad sancionadas por leyes como la 14.346. El encierro prolongado de animales salvajes fuera de su hábitat con fines meramente recreativos también es cada vez menos tolerado socialmente: la sociedad argentina –al igual que en muchos países– ha desarrollado una mayor conciencia ambiental y de protección animal, rechazando la exhibición de seres sintientes en jaulas por simple lucro o entretenimiento. De hecho, muchos zoológicos tradicionales en el mundo están cerrando o transformándose en centros de rescate, priorizando la conservación real, la educación y el bienestar de cada animal.
Legalmente, Argentina muestra avances importantes. La Defensoría del Pueblo impulsa cerrar o reconvertir los zoológicos en ecoparques, y promover que los animales dejen de ser considerados “cosas” para ser reconocidos como sujetos de derecho con protección jurídica. Ya hubo antecedentes emblemáticos como la orangutana Sandra (del ex Zoo porteño), declarada “persona no humana” por la justicia en 2015, o el chimpancé Toti, cuyo habeas corpus derivó en su traslado a un santuario en Brasil en 2020. A nivel internacional, instrumentos como la Declaración Universal sobre Bienestar Animal (en discusión en la ONU) y legislaciones de países pioneros (por ejemplo, Costa Rica prohibió la importación de animales para exhibición, India y Francia vetaron el uso de animales salvajes en circos, etc.) señalan un camino alineado con lo que se busca lograr en Argentina. Incluso la industria turística global se aleja de atracciones basadas en fauna cautiva mal cuidada, y la ciudadanía prefiere apoyar santuarios o experiencias de avistaje en hábitats naturales.
El ex Zoológico de Luján representa un antes y después. Por un lado, expuso cómo un emprendimiento privado con fines de lucro pudo operar por años al margen de normativas, hasta que la presión pública y la decisión política intervinieron. Por otro lado, dejó lecciones duras: la clausura improvisada sin un plan inmediato de rescate provocó sufrimiento adicional a los mismos animales que se pretendía salvar. Afortunadamente, la historia está terminando con un desenlace más esperanzador gracias a la solidaridad internacional y local. “Nunca más un animal preso del abandono estatal o privado” –esa es la consigna que surge de esta experiencia. El esfuerzo conjunto del Estado argentino, Four Paws, Fundación Zorba y otras ONG marca un cambio de paradigma: se demuestra que con cooperación, voluntad política y apoyo de la sociedad, es posible corregir injusticias históricas y darle una segunda oportunidad de vida digna a animales que han sufrido en cautiverio.
En conclusión, el cierre del Zoo de Luján estuvo plenamente justificado por razones legales y éticas de protección animal, aunque su implementación sin redes de contingencia fue inicialmente detrimental para los animales implicados. A cinco años, la situación ha dado un giro: de la crisis y el abandono se pasó a la acción coordinada para rescatar y reubicar a los últimos sobrevivientes. Quedan desafíos por delante –por ejemplo, asegurar el bienestar de Yony el chimpancé y de cualquier animal que permanezca en Argentina, así como prevenir que otros se encuentren en situaciones similares–. Pero la experiencia de Luján sienta un precedente valioso. Como dijo un activista, “los zoológicos ya son parte del pasado”, y el futuro debe orientarse a respetar la vida silvestre sin crueldad ni explotación. El legado de Luján, tras mucho dolor, puede ser una transformación positiva: un país más consciente donde ningún león, tigre, oso o elefante vuelva a sufrir tras las rejas por nuestra diversión.
Referencias legales y documentales:
- Ley 12.238 (Prov. de Buenos Aires) y Dec. 2308/01 – Regulación de zoológicos, prohíbe el contacto directo visitantes-animales.
- Ley 14.346 (Nacional) – Malos tratos y actos de crueldad animal, penaliza la mala alimentación, drogaje, explotación abusiva, etc.
- Resolución MAyDS 2020 – Clausura preventiva Zoo Luján por 600 infracciones a normativas de conservación de fauna
- Constitución Argentina, art. 41 – Derecho a ambiente sano; invocado en fallo 2024 que reconoce a animales como “sujetos de derecho” (Cám. Casación Penal)
- MoU Gobierno Argentino – Four Paws 2025 – Acuerdo internacional para rescatar y reubicar animales del ex Zoo Luján, y cooperar en erradicar comercio/tenencia de grandes felinos.
- Informes de inspección BCA (2021-2024) – Documentaron falta de mejoras, hacinamiento, seguridad deficiente y continuidad de cría en Luján.
- Causa judicial N°… “Reserva Zoo Luján S.R.L. s/ infracción Ley 14.346” – Investigación penal por maltrato; Defensoría Pueblo Bs.As. querellante; estado: procesamiento de dueños pendiente (Casación 2024 revocó sobreseimiento).
- Convenio con santuario The Wild Animal Sanctuary (Colorado, EE.UU.) – en gestión 2023 para traslado de osos y felinos (ref. Enfoque Animal/Fund. Zorba)
- Comunicados Ministerio de Ambiente (Argentina.gob.ar, 2020-2025) – Anuncios de clausura, operativos de control y progreso del rescate.
- Prensa y artículos especializados: Página12, La Nación, VetMarket, etc., sobre clausura zoo y estado de animales
