Prevención del suicidio: recursero simple y reflexivo

Por qué escribir esto hoy

Hablar de suicidio es cuidar la vida. Desde la psicología social (y la mirada pichoniana), el sufrimiento no es solo individual: está tejido en vínculos, trabajos, escuelas, barrios y políticas públicas. Prevenir es ponerle palabras al dolor, abrir la pregunta, armar red y garantizar acceso a la atención. No es un tema “privado”: es salud pública y derecho humano.

El suicidio es la muerte por una conducta autoinfligida con intención de morir. No aparece de golpe: suele ser el final de un proceso donde se mezclan desesperanza, pérdidas, violencias, consumo problemático, dolencias y condiciones sociales adversas. La prevención es posible si nombramos, escuchamos y acercamos ayuda a tiempo.

Señales y síntomas a los que prestar atención

(ninguna señal por sí sola “diagnostica”; si se combinan, actuá)

Emocionales: tristeza o irritabilidad persistentes, vacío, culpa, desesperanza, vergüenza, sensación de “ser una carga”.
Cognitivos: ideas de muerte (“no quiero vivir”), rumiación, pensamiento polarizado (“todo o nada”), desconexión del futuro.
Conductuales: aislamiento, abandono de actividades, cambios bruscos en sueño o apetito, aumento de alcohol u otras sustancias, autolesiones, despedidas (regalar objetos, “ordenar papeles”), búsqueda de información sobre métodos.
Físicos: fatiga intensa, dolores sin causa médica clara, insomnio persistente.
Situacionales: duelos, separación, pérdida de trabajo o vivienda, violencias, discriminación; salidas recientes de internaciones o guardias (momento crítico).
Riesgo mayor: intentos previos, plan concreto, acceso a medios letales (medicación, armas, alturas), y escalada de angustia.

Cómo pedir ayuda si pasa a quien me está leyendo

Decílo claro: “Estoy pensando en lastimarme; necesito ayuda ahora”.

Elegí a alguien de confianza y contale hoy.

Llamá a una línea 24/7 o andá a una guardia; si podés, pedí que te acompañen.

Anotá un plan de seguridad breve: 1) señales propias que anticipan crisis; 2) acciones que te calman; 3) dos personas a quienes llamar; 4) servicios y teléfonos; 5) pasos concretos si el malestar sube (llamar, ir a guardia de cualquier centro de salud).

Qué hacer como familiar, amigo/a o referente

  1. Abrí la conversación, directo y con cuidado: “¿Estás pensando en lastimarte o en morir?”. Preguntar NO aumenta el riesgo.
  2. Quedate y escuchá: validá el dolor; evitá juzgar o minimizar (“ponéle ganas”).
  3. Chequeá riesgo inmediato: si hay plan, medios disponibles o escalada, no lo dejes solo/a.
  4. Reducí medios letales: guardá o bloqueá medicación, armas, sogas, tóxicos; acompañá a un lugar seguro.
  5. Activá el plan de seguridad y acompañá la derivación (guardia/turno).
  6. Posvención (después del intento): sostené la red, acordá visitas/llamadas y seguimiento; evitá la “vigilancia punitiva”: necesitamos cuidado, no castigo.

En adolescentes: qué miramos y cómo cuidamos

La adolescencia combina cambios biológicos, búsqueda de identidad y fuerte influencia del grupo de pares. Riesgos frecuentes: acoso/bullying (también digital), violencias de género, LGBT+fobias, consumo problemático, duelos, pobreza y proyectos interrumpidos. Señales: caídas escolares, ausentismo, irritabilidad o retraimiento, autolesiones, publicaciones o búsquedas sobre muerte, decir que “sobra”.
Cuidar no es invadir: es ofrecer palabra, presencia y límites protectores. Escuela, clubes y familias pueden armar grupos operativos, abrir espacios de escucha y derivar rápido ante riesgo. En el mundo, el suicidio es causa principal de muerte en 15–29; acá los varones jóvenes concentran más muertes y las chicas más intentos.

Datos clave en Argentina

2024 (SNIC): 4.249 muertes por suicidio; tasa 9,8 por 100.000 y sin variación respecto de 2023. 80,5% varones. Hay fuertes diferencias provinciales.

Métodos (DEIS 2023): 78,7% por ahorcamiento/sofocación; 12,1% por armas de fuego; 2,5% por envenenamiento. La letalidad difiere por sexo y acceso a medios.

Crisis económicas: los picos históricos de tasa se observaron 2002–2003 (máxima en 2003), con mayor impacto en varones, en un contexto de desempleo y fragmentación social.

Lectura responsable: SNIC (seguridad) y DEIS (salud) miden con metodologías distintas. Mirá tendencias, no uses cifras para estigmatizar.

Salud mental y presupuesto: por qué los recortes dañan

La Ley 26.657 fija la meta de llegar al 10% del gasto de salud para salud mental. En 2023 el Ejecutivo informó cumplimiento (10,1%); sin embargo, análisis independientes muestran que en 2024/2025 hubo caídas reales del presupuesto sanitario y retrocesos de la inversión en salud mental, incumpliendo la pauta del 10%. Esto se traduce en menos equipos, menos turnos y menos dispositivos comunitarios.

La prevención comunitaria necesita financiamiento estable, primer nivel de atención fuerte, guardias en hospitales generales, equipos territoriales, dispositivos de posvención y formación permanente. Sin recursos, la libertad queda como privilegio, no como derecho.

Si estás en riesgo: hacé una llamada ahora y pedí que te acompañen a la guardia.

Si acompañás a alguien: preguntá, quedate, restringí medios y derivá.

En escuela/club/trabajo: armá grupos operativos, difundí señales y números, acordá un protocolo simple (quién llama, a dónde, cómo se registra y acompaña).

Como comunidad: apoyemos medidas de restricción de medios letales, cobertura de salud mental y presupuesto sostenido.

Emergencias: 911 (nacional) / 107 (SAME donde exista).

Línea nacional de Urgencia en Salud Mental (Nación): 0800-999-0091, 24/7.

Centro de Asistencia al Suicida (CAS): 135 (CABA y GBA) / (011) 5275-1135 / 0800-345-1435 (desde todo el país).

CABA – Salud Mental Responde: 0800-333-1665, 24/7.

Si hay peligro inminente, llamá ya a 911/107 y acompañá a la guardia más cercana.

Desde mi ciencia y mi práctica (soy psicóloga social), sostengo que la salida es colectiva. Grupo, tarea y vínculo como enseñaba Pichón; derechos garantizados y Estado presente; escucha y red para que ninguna persona se sienta sola. Prevenir el suicidio es posible y empieza por animarnos a hablar, preguntar sin rodeos y acompañar hasta que la ayuda llegue.

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