La crisis económica actual –marcada por la inflación récord, la pobreza creciente y ajustes duros impulsados por el gobierno de Javier Milei– ha llevado a muchos argentinos a volcarse hacia la religiosidad como consuelo. En ese contexto, la tradicional Peregrinación Juvenil a la Virgen de Luján (que en 2025 cumplió 51 ediciones) se presentó “en un contexto marcado por la incertidumbre económica y la búsqueda de contención espiritual”. El Arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, lo expresó en su homilía al advertir que a muchos «hermanos… ya no tienen fuerzas para seguir… Les pesa demasiado la pobreza, las consecuencias del narcotráfico… la soledad». Con estas palabras puso de manifiesto el sufrimiento social y espiritual que motiva la creciente devoción hacia la Virgen de Luján como amparo y fuente de esperanza.
Recorrido y convocatoria de la peregrinación
Cada año la peregrinación concentra a miles de fieles de todo el país que caminan cerca de 60 km hacia el santuario mariano. En 2025, la movilización partió del Santuario de San Cayetano (barrio de Liniers, CABA) desde las 7 a.m. del sábado 4 de octubre. El trayecto atravesó localidades del oeste bonaerense hasta la Basílica de Luján, con el lema “Madre, danos amor para caminar con esperanza”. Se estima que esta edición reunió más de un millón de personas. La cobertura periodística coincide en destacar la magnitud del evento: Página/12 informó que la 51ª peregrinación “tuvo la participación de centenares de miles de fieles” y aspiraba a convocar a cerca de un millón de peregrinos.
Los caminantes provenían de diversos puntos y comunidades. Participaron grupos de parroquias de barrios populares y del interior: por ejemplo, llegaron fieles de las parroquias Ntra. Sra. del Carmen (Pellegrini), San Cayetano (Lanús), San José (Daireaux), Santa Julia (Lanús), así como caminantes provenientes de ciudades más lejanas como Mar del Plata. En todos los tramos se unieron rezos y cantos con apoyo logístico (más de 5.500 voluntarios y decenas de puestos de hidratación) para ayudar a los peregrinos a llegar “con gusto a Luján”. Estos datos ilustran la importancia nacional de la manifestación religiosa: miles de jóvenes, familias y hasta comunidades enteras caminan junto a la Virgen, transportando en su “mochila del alma” sus propias intenciones y necesidades.
Mensajes de fe en la misa central
El Arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, presidió la misa de cierre de la peregrinación juvenil en la Basílica de Luján. En su homilía, Cuerva alertó sobre el sufrimiento social (“les pesa demasiado la pobreza, las consecuencias del narcotráfico… y la soledad”) y llamó a no resignarse. Subrayó que los peregrinos caminan “por ellos también, por los que no dan más” –abuelos desatendidos, jóvenes atrapados por la droga, víctimas de violencia, familias humildes– llevando a Dios las esperanzas del país. A la vez advirtió contra soluciones fáciles: pidió no caer en “atajos tramposos” ni en promesas populistas que son meros “espejitos de colores” para el pueblo.
El mensaje de Cuerva (como el de otros obispos) insistió en la fraternidad, el diálogo y la fortaleza de la fe frente a la adversidad. Citó al Papa Francisco y al Papa León XIII, recordando que María encarna una esperanza que nace «en el silencio de una espera habitada por el amor». Insistió en que “caminar con esperanza es no dejarnos ganar por el desaliento y la tristeza. Es seguir adelante, aunque por momentos el egoísmo, la violencia y la injusticia parezcan ganar”. Con estas palabras, el arzobispo invitó a los fieles a no detenerse, a pesar de las “piedras y dificultades del camino”, comprometiéndose a “no abandonar los sueños de construir un país más justo y más fraterno”.
En suma, aunque Cuerva no mencionó directamente al gobierno, sus alusiones a la pobreza extrema, al avance del “narcocotráfico” y al rechazo de atajos demagógicos fueron leídas como una crítica implícita a las políticas actuales. De hecho, en otros actos (como el tradicional Tedeum del 25 de mayo) el mismo prelado había reclamado “diálogo” nacional y alertado que “no se construye desde la guerra entre nosotros”. Asimismo advirtió que la ausencia de Estado en ciertos barrios permite que “avance lo que llamamos el ‘narcoestado’”. Los sacerdotes en Luján, en definitiva, dieron un mensaje de esperanza activa: no rendirse, apoyarse en la Virgen y el prójimo, y defender la fe como fuerza que impulsa a seguir caminando con fraternidad.
Fe y esperanza colectiva
La enorme concurrencia a Luján ilustra cómo la fe perdura incluso en tiempos de crisis. Para muchos peregrinos, caminar es una forma de agradecer a la Virgen, pedir consuelo o fortalecer la solidaridad. En palabras de los organizadores, la caminata de Luján es “un gesto colectivo de fe popular, en un contexto marcado por la incertidumbre económica y la búsqueda de contención espiritual”. Cada caminante lleva consigo sus propias intenciones –familia enferma, trabajo, estudios– y las pone “a los pies de María”, como explican los voceros eclesiásticos. Como resumió el arzobispo al final de la misa: la Virgen de Luján impulsa a los fieles a continuar “unidos, con misericordia hacia quienes más sufren, porque somos hijos de María y queremos parecernos a ella”.
En definitiva, la peregrinación combina devoción y análisis social. Para la Iglesia, las multitudes que caminan año a año son señal de que, pese a la crisis generada por el nuevo gobierno, la fe sigue viva. Como explicó Cuerva, la fe debe sostener a los argentinos para no sucumbir al “no se puede”: “Caminar con esperanza” es mantener la dignidad y los ideales aun cuando las circunstancias sean adversas. Este mensaje optimista –resonando en la multitud bajo la lluvia o el sol de octubre– refleja que la Virgen de Luján sigue siendo para muchos un símbolo de esperanza que ayuda a sobrellevar las dificultades del presente.
